Especialistas en Denominaciones de Origen e Indicaciones geográficas

LAS DENOMINACIONES DE ORIGEN NO SON DERECHOS QUE SE ADQUIEREN, SON DERECHOS QUE SE RECONOCEN

LA CALIDAD DE UN PRODUCTO CON DENOMINACION DE ORIGEN COMPROMETIDA ANTE SU NORMA OFICIAL MEXICANA

 México es un país cuyo gobierno ha demostrado minimizar y desconocer los productos de calidad diferenciada, es decir, sus denominaciones de origen.

En el fondo no lo hace de mala fe, porque sería absurdo pensar que al gobierno no le interesa que funcionen como estandarte los productos que México ofrece orgulloso al mundo.

De las 18 denominaciones de origen1 que actualmente tiene México, solo dos funcionan, el Mezcal a pesar de la problemática de este año 2021 y el Tequila.

Recientemente, el gobierno ha considerado que el control de una denominación de origen a través de un solo consejo regulador representa un monopolio, siendo esto, el más grave de los errores de visión en política pública que puedo haber conocido.

Las denominaciones de origen nacieron antes de que naciera el estado mexicano, nos han precedido y nos van a trascender, sin embargo, a través de la legislación, el gobierno ha decidido que las denominaciones de origen son bienes nacionales y no propiedad, como en otros países sucede, de los productores o pueblos originarios, quienes por generaciones conocen de los procesos y son los únicos que pueden garantizar la calidad que se les atribuye.

En México es el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial2 (IMPI) el que administra las denominaciones de origen, es decir, es el organismo que otorga la autorización para el uso del nombre cuando un productor demuestra que tiene los conocimientos para ser considerado como tal.

Para que exista una denominación de origen, de conformidad a la legislación mexicana, debe de haber una declaratoria de protección que es la que otorga el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, una norma que en otros países es conocida como el pliego de condiciones y que es la que describe el proceso de elaboración del producto, la cual depende de la Secretaría de Economía a través de la Dirección General de Normas, 3 y finalmente, requiere un organismo de certificación, que es la autoridad delegada que se encarga de asegurar que los procesos en la elaboración del producto, alcancen la calidad que le ha valido por generaciones una reputación incuestionable.

Desgraciadamente, el mal entendimiento de lo que es una denominación de origen ha subvalorado la calidad del producto privilegiando la salud pública, por lo que la Dirección General de Normas, brincándose las excepciones que marca la propia constitución4 para este tipo de productos en su artículo 28, párrafo 9, ha decidido abrir la posibilidad de que existan varios organismos de certificación, para asegurar el cumplimiento de la norma que les corresponde sin tomar en cuenta que la calidad es fundamental en el producto y que solo puede determinarse por los especialistas.

Es claro que todos los organismos de certificación vinculados a una denominación de origen a través de un consejo regulador están conformados por todos y cada uno de los integrantes de la cadena productiva, mientras que los organismos de certificación que no están vinculados a un consejo regulador, por lo general, son sociedades anónimas que solo buscan lucro recordando el viejo lema de que “al cliente lo que pida”.

Bajo este esquema, en el que evidentemente se pierde el control de la denominación de origen por parte del consejo regulador único, si un productor quiere salvarse de los obstáculos que por calidad impone el consejo regulador rechazando su producto por no cumplir con la norma y los estándares de calidad marcados por éste, puede perfectamente con el mismo producto lograr la certificación con otro organismo, es decir, puede intentar la certificación de su producto tantas veces como organismos de certificación existan dejando productos de primera, segunda, tercera, cuarta y quinta calidad dependiendo cuantos organismos de certificación existan.

Esto genera, sin duda alguna, corrupción y además compromete la calidad del producto amparado por la denominación de origen.

La Dirección General de Normas considera que mientras se cumpla con los parámetros establecidos en la norma, el producto puede certificarse.

Lo que no alcanza a comprender, es que se trata de un tema de calidad y que los parámetros establecidos en la norma del mezcal por ejemplo, en cuanto a metanol, metales pesados, alcoholes superiores, furfural etc. pueden combinarse de tal manera que la perfección se alcance precisamente en la coincidencia de todos estos parámetros en un nivel, lo cual solo lo puede determinar aquel organismo que comprende toda la cadena productiva y que con autoridad puede concluir si el mezcal es digno de representar a la denominación de origen como un producto de calidad diferenciada.

No se trata de cumplir o no con la norma solamente, sino de cumplir con la norma y la calidad.

Es el caso de Champagne, por ejemplo, existe lo que se conoce como el ensamblaje, por medio del cual después de la vendimia se hacen las mezclas de vinos de acuerdo a los expertos para determinar exactamente el sabor que cada casa productora quiere alcanzar. 5

Hoy en día la Raicilla, por su parte, enfrenta un problema muy grave, ya que necesita una norma y convertirse en organismo de certificación acreditándose ante la EMA.6

La norma, a pesar de haber sido creada por el Consejo Mexicano Promotor de la Raicilla, soporta sobre su espalda la imposición de la Dirección General de Normas de admitir varios organismos de certificación, y no en exclusiva el Consejo Mexicano Promotor de la Raicilla, conformado por toda la cadena productiva y que fue el encargado de solicitar y obtener la declaratoria de protección de la denominación de origen. 

La tragedia puede venir en el sentido de que por falta de recursos para establecer lo necesario para convertirse en un organismo de certificación, puesto que se trata de una denominación de origen pequeña, se autorice un organismo de certificación diferente al Consejo Mexicano Promotor de la Raicilla para evaluar la conformidad de la norma y por ende, certificar raicilla, lo cual significaría un absoluto despojo del control que hasta ahora ha venido ejerciendo dicho Consejo, solamente porque una sociedad anónima tiene los recursos de los cuales carece una asociación pequeña. 

Con la creación de diferentes organismos de certificación, surge otro problema; ante la carencia de apoyo económico para la defensa en el extranjero de las denominaciones de origen, los propios Consejos Reguladores han tenido que protegerlas con sus propios recursos, sean importantes como los del Tequila o pocos, como en el caso del Mezcal, pero ahora la pregunta es: por ejemplo en el mezcal, con tantos organismos de certificación aprobados, ¿Quién va a ser el dueño de las marcas colectivas o denominaciones de origen protegidas en el extranjero solicitadas y obtenidas por el Consejo Regulador?. 

Todo esto sin duda, en mi opinión, se trata de una tragedia para las industrias y sobre todo una vergüenza ante los ojos de las grandes denominaciones de origen.

 

  1. https://www.culinariamexicana.com.mx/18-productos-mexicanos-con-denominacion-de-origen/
  2. https://www.gob.mx/impi
  3. http://www.2006-2012.economia.gob.mx/conoce-la-se/quienes-somos
  4. http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/1_280521.pdf
  5. https://www.champagne.fr/es/vid-vino/elaboraci%C3%B3n/ensamblaje
  6. https://www.ema.org.mx/portal_v3/

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Luis Miguel Hernández

Luis Miguel Hernández

Asesor de la Asociación Nacional de Denominaciones de Origen ANDO, CIVC comité interprofessionnel du vin de champagne, INAO, (Institut National de l’origine et de la qualite), del Consejo Regulador del Mezcal, Consejo Mexicano Promotor de la Raicilla, así como otras instituciones mexicanas relacionadas con el comercio mundial.

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